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jueves, 29 de marzo de 2012

Piezas y textos ajedrecísticos medievales en Cataluña y España

Artículo de Alejandro Melchor

Como es sabido desde hace tiempo, la irrupción del ajedrez en la Península Ibérica –y por ende posteriormente a toda Europa- fue transmitida por los musulmanes en su conquista de la misma. A partir del siglo XI, las referencias a diversos ajedrecistas andalusíes aparecen en los manuscritos árabes hasta llegar a un cierto esplendor literario entre los siglos XII y XIII; así pues, al menos desde principios del siglo XI, el ajedrez es practicado y conocido tanto por musulmanes como cristianos, e incluso mozárabes y judíos. Prueba de ello son las piezas encontradas en los monasterios mozárabes de Celanova, en Galicia, y el leonés de Santiago de Peñalba -ambos probablemente del siglo X-, así como las de San Millán de la Cogolla y las de la Colegiata de Áger, en Lleida, en el siglo siguiente.

Es de suponer que el juego del ajedrez se introdujo en Cataluña en los períodos de intenso contacto con el Califato de Córdoba, y especialmente a través del que tuvo el Conde Ramón Borrell II de Barcelona (927-992) y su hermano menor Ermengol con el califa Add alRahman III hacia el año 950. A primeros del pasado siglo el historiador Josep Brunet i Bellet apuntó que probablemente en la corte barcelonesa ya se debía conocer el juego en el siglo X..., y seguramente también en el Condado de Urgel...

Fragmento del testamento de Ermengol I, conde de Urgel
Fragmento del testamento de Ermengol I, conde de Urgel

En referencia a la implantación del ajedrez en el Condado de Urgel -y en general, en el área pirenaica-, las pruebas de naturaleza física como son las piezas, vienen complementadas por un conjunto de datos tanto o mas demostrativos, y es que en los albores del año mil aparecen una serie de documentos de naturaleza testamentaria que convierten a nuestra zona en el más rico yacimiento cristiano-europeo de textos escritos tempranos sobre la implantación del ajedrez. Pero es que incluso la Historiografía recalca este hecho, y es que precisamente el segundo hijo de Borrell II y de su primera esposa, Letgarda de Tolosa, no fue otro que el iniciador de la dinastía privativa de los Urgel, en este caso, Ermengol I y este Conde es conocido porque en su testamento se da la primera descripción documental de todo el Occidente europeo en la que se cita al Ajedrez.

En la parte central del documento, que está escrito en latín, se puede leer:
"...Y al cenobio de San Egidio (dono) aquellos mis trebejos de ajedrez para las obras de la Iglesia" (... Et ad Sancti Aegidici coenobio ipsa schacos ad ipsa opera de Ecclesia).

Se cree que dicho monasterio corresponde al de Sant Gilles, cerca de Nimes, posesión de los condados catalanes en la época. Incluso al final del mismo se nos da la pista de la fecha de datación: "Hecho este testamento el 5 de las calendas de Abril en el año 12 reinando lo Roberto rey"; aquí es importante saber que el calendario de fechas era diferente del actual, el calendario de hoy en día utilizado oficialmente en los países occidentales se llama "Calendario gregoriano" en honor al Papa Gregorio XIII que lo promulgó varios siglos más tarde (en 1582). En el año del Testamento del Conde Ermengol se usaba el "Calendario juliano", utilizado desde Julio César (45 A. C.). Por otro lado, "el año 12 reinando lo Roberto rey", se refiere a que el Testamento fue escrito cuando gobernaba el rey de la dinastía capeta Roberto II el Piadoso (972-1031), del que Ermengol era vasallo. Este rey, segundo de la dinastía francesa que sustituyó a los reyes carolingios, empezó a reinar el año 996 , por lo tanto, por lógica, el Testamento se hizo, como dice el propio documento, “el año 12 de su reinado", esto es, 996 + 12 = 1008 .

De todo el siglo XI quedan ocho documentos cristianos con alguna referencia al ajedrez, y seis de ellos proceden de áreas vecinas a Urgel, lo que supone una abrumadora proporción. Lo más importante es, además, la armonía del protagonismo ajedrecístico con el contexto histórico general de trasvase de conocimientos. El área pirenaica y sus monasterios (recordemos también el cercano de Ripoll) fueron un activo centro cultural desde tiempos visigóticos, y su importancia creció tras la invasión musulmana, y se convirtieron entonces en un foco de intercambio, tanto cultural como comercial. La vía de conexión con Europa que trazan estas líneas es sugerente para imaginar la transmisión del ajedrez.

Tras el testamento de Ermengol, se conocen otros dos datados en 1045; el del clérigo Seniofred, también pertenece al área del mismo Condado, y en él la donación “ad opera” se trasmite al convento de Sant Julià de Bar. El llamado de Ramón Levita se circunscribe al área de Badalona, pero con frecuentes menciones a Urgel, y consiste en un legado intrafamiliar de juegos de ajedrez de hueso (“exchacos de osso”) con lo que se refrenda que las clases modestas -Levita era judío- se tenían que contentar con materiales menos nobles que los empleados por los altos dignatarios. El siguiente dato aparece en el año 1058 cuando la Condesa Ermessinda, viuda del Conde Ramón Borrell, y cuñada precisamente de Ermengol, dona también sus ajedreces cristalinos (“suos exchacos cristallinos”) al mismo monasterio de Sant Gilles. Con ello el albacea judío de la Condesa, Guillermus Guifredi Levita, no hace más que corroborar lo que ya se presumía, que la nobleza disponía de piezas de plata, marfil o cristal de roca, equiparable a su estatus.

Un documento mas importante en cuanto a su descripción es el del inventario llamado de Arsenda, del año 1068 proveniente de Áger -también en el condado de Urgel- en el que esta mujer dona a su marido, Arnau Mir de Tost, una serie de ajedreces con la orden de preservación de los mismos. Entre otras voluntades expresa que su esposo puede disponer de las piezas y los tableros libremente. Esta cláusula nos advierte de la rareza y valor que debían de tener los juegos de ajedrez de la época, lo que no es de extrañar ya que los condados estaban en frecuente lucha con los musulmanes, y o bien pudo adquirirlo en un botín de guerra, o incluso como había relaciones comerciales con el Reino Andalusí, pudo conseguirlo como objeto de compra-venta de lujo. Arnau Mir de Tost es un personaje conocido y bien estudiado por la Historia ya que fue un vasallo de los señores de Urgel con los que incluso se emparentó, y de hecho fue el iniciador del Vizcondado del Bajo Urgel. Antes de peregrinar a Santiago de Compostela en 1071, el mismo vizconde hace inventariar el legado que le dejó su esposa, y así describe: “Et tabulas argenteas cum illorum tabuler XIII partitos” -trece pares de tableros de plata-, “III esgabs vivoril” -tres juegos de marfil-, “et alios III parilios de cristallo” -y otros tres de cristal-.

Como puede observarse, la importancia del Condado de Urgel es manifiesta en todo el desarrollo de la evolución del ajedrez, y esto puede demostrarse una vez más por dos últimos detalles.

Por un lado, la adopción, casual o no, del escudo ajedrezado en oro y sable -también llamado en heráldica castellana jaquelado o escacado- que bien pudo tener su origen en la trasmisión oral intrafamiliar del episodio de la batalla que en 1010 libraron los hombres de Ermengol (y Ramón Borrell), !poco después de la fecha de su testamento!, contra los bereberes cerca de Medina Azahara, en Andalucía -por cierto, donde el Conde quedó malherido muriendo al poco tiempo-, y que lo convirtió en el emblema de la casa de Urgel. Aunque aparece también en las armas de otros linajes y otros países, ninguna familia como ella puede aducir una conexión ajedrecística tan antigua y bien documentada.

Por otro, a finales del siglo XIX, una vez más, el investigador Brunet i Bellet se entera de la existencia de unas piezas de ajedrez antiguas custodiadas en la parroquia de Sant Vicenç de Áger -se conocía ya de su existencia a través de un inventario del siglo XVI-, y procede a su estudio. Actualmente se sabe que dichas piezas corresponden, aproximadamente, a principios del siglo XI, precisamente en el mismo lugar y espacio de tiempo que el Vizcondado de Àger era vasallo del Condado de Urgel, y al cual pertenecía (el investigador Salvador Juanpere aventura la hipótesis de que era uno de los juegos que aparecían inventariados en el documento de Arnau Mir de Tost, ya que era él el Señor feudal en dicha plaza). En realidad las piezas pertenecían a la vecina Colegiata de Sant Pere de Àger, y han sido exhaustivamente estudiadas en diversos artículos y revistas, e incluso expuestas al público en acontecimientos importantes. Se custodian en el Museo Diocesano de Lleida, y a lo largo de medio siglo desde su descubrimiento sufrieron una tortuosa historia, casi novelesca.


Piezas de Áger en cristal de roca en la Iglesia de Sant Martí (Museo diocesano de Lleida)
Piezas de Áger en cristal de roca en la Iglesia de Sant Martí
(Museo diocesano de Lleida)

El estilo de obra es el mismo que otras piezas islámicas de cristal que quedan repartidas en Europa. Se conservan diecinueve de ellas, y las otras restantes -trece- bien podrían ser unas que a principios del siglo XX poseía una acaudalada condesa parisina, y que presumiblemente se expusieron en la introducción del Metropolitan Museum de Nueva York en 1968, o bien unas pocas que todavía se muestran en el Museo Nacional de Kuwait, ya que son idénticas en estilo a las de Áger.

Estas piezas de ajedrez se adscriben al periodo denominado de arte fatimita, originario de Egipto, y caracterizado por su gran destreza en la manufactura del cristal de roca. Este mineral es una variante del cuarzo, incoloro y transparente que se caracteriza por presentar un aspecto duro y compacto y que bien podría ejercer una gran atracción por su valor estético. El diseño y tallado de las piezas se hacía por lo general siguiendo un plan abstracto y no figurativo, y la técnica consistía en una incisión profunda con un torno y de polvos de piedra como el corindón o el diamante mezclado con aceite abrasivo. Dadas las estrechas relaciones de Córdoba con las zonas cristianas que albergaban las piezas, el origen andalusí parece muy probable, porque es el modo más sencillo de explicar su procedencia, amén de que Al-Ándalus era rica en yacimientos minerales.

En cuanto al tablero, aunque desaparecido, tal como se mencionaban en los testamentos, debería de ser un material noble a juego con las piezas, probablemente de marfil o cristal. La adopción de materiales más resistentes que el cuero, la tela o la madera musulmana, fue de hecho una invención cristiano-europea de este momento, y ello queda refrendado porque algunos héroes de cantares de gesta los emplean como armas.

Detalle de algunas piezas de Áger
Detalle de algunas piezas de Áger

Paulatinamente, el juego de ajedrez fue difundiéndose por el resto de posesiones de la conocida como Marca Hispánica. El juego fue objeto de especial estimación por parte de la nobleza y de todos aquellos que disfrutaban de la vida cortesana. El ajedrez era considerado en la Edad Media como un arte de vivir y se enseñaba a los jóvenes de la corte al mismo tiempo que el latín o los torneos: el juego conlleva un modelo de comportamiento de los caballeros.

Es en este contexto donde se sitúa el siguiente descubrimiento arqueológico, el de una pieza de ajedrez en el castillo de Mataplana (comarca del Ripollès, Girona), probablemente un alfil o un caballo de marfil.

La ubicación del castillo -entre Gombrèn y La Pobla de Lillet / Castellar de N'Hug- estaba bien delimitada desde hacía tiempo, pero no fue hasta el inicio de 1986 cuando se iniciaron las excavaciones. Éstas dejaron al descubierto un castillo, no sólo de función militar y residencial, sino también del que se supo tuvo una marcada característica trovadoresca -apta para la práctica del ajedrez-, centrada en la figura del Barón Hug V (inicios del siglo XIII). Tenemos documentación escrita a través del trovador Ramón Vidal de Besalú que indica que en el castillo “... había juegos de mesa y ajedrez, en sofás y colchones, verdes y rojos, azules y morados…” (obra “So fo’l temps c’om era jais”) y que en él se recitaban y cantaban las composiciones musicales y literarias entre cojines de seda al sonido de viejos instrumentos. Muchos miembros de la familia Mataplana participaron plenamente en el desarrollo político y militar de su época y convivieron en el entorno de la corte real de diferentes soberanos, hecho que constata la relevancia de esta saga. Como dato anecdótico, el mismo portal del castillo está coronado por tres escudos de piedra esculpida, uno de ellos del Condado de Urgel, con el característico emblema ajedrezado, tal como se ha comentado.

Escudo ajedrezado del Condado de Urgel
Escudo ajedrezado del Condado de Urgel

Como curiosidad, indicar que en el vecino pueblo de La Pobla de Lillet se celebra cada año la representación de una partida de Ajedrez Viviente ambientada en la época medieval, con personas ataviadas con el vestuario propio de la época y en la que se dirime siempre una batalla entre los ejércitos normandos o sarracenos contra los diversos Condes y Señores del Valle, todo como homenaje al Señor de Mataplana que fue quien les concedió la carta de poblamiento.

Castillo de Mataplana
Castillo de Mataplana

El siguiente dato del que tenemos referencia es del siglo siguiente, cuando Ponce VI de Ampurias Malgaulí, Conde de Ampurias (1313-1322), deposita en la tesorería de la Catedral de Girona un juego de ajedrez de valor incalculable, como prenda de sus deudas. El objeto tenia los pies de plata siendo los recuadros de jaspe y cristal, así como las piezas, y con incrustaciones de pequeñas perlas; en los ángulos aparecían cuatro leones de plata. La caja de madera que cerraba el tablero y las piezas llevaban las águilas de Sicilia, lo que indica su procedencia.

En el archivo de la Corona de Aragón de Barcelona se guarda otro documento fechado en 1335 que habla de un ajedrez de Jaume de Eristiç y que dice:
“Ordre del Rei (Alfons IV) al veguer de Barcelona sobre la queixa de Jaume d' Eristiç, natual de Pisa, al que viatjant en la seva nau li robaren tot el que portava els capitans barcelonins Ramón de Papiol i Francesc de Finestres, inclòs un meravellós joc d'escacs de marfil”.

También hay una referencia al Príncipe de Viana del año 1410 donde se lee:
“Un taulell ab sos escachs de os, e te entorn tota la historia de Sant Jordi obrada per personatjes”.

En un inventario de bienes del rey Martín I el Humano del mismo año 1410 hace referencia de varias mesas-tablero y diversas colecciones de piezas confeccionadas en ébano, jaspe, marfil, cristal, nácar, etcétera, guarnecidas de plata y doce tableros con sus respectivos juegos. En el mismo inventario se habla de “una pedre de gaspi obrada a manera de Scach ab un cordó negre”, igualmente también constan seis libros de ajedrez, cuatro escritos en catalán y dos en francés.

Y en 1461 también parece que de nuevo en La Pobla de Lillet conocían el ajedrez en plena Edad Media. Mírese sino (ver a continuación) hacia el final del texto, en las líneas 21 y 22, que aparece inventariado este documento del pavorde Conill.

Documento del pavorde Conill
Documento del pavorde Conill

A partir de aquí, la bibliografía está extensamente investigada y publicada sus conclusiones. Aunque en 1283 el rey Alfonso X El Sabio ya había escrito su conocido códice -primer texto en castellano antiguo- donde se dedica una tercera parte del volumen a diferentes juegos de mesa, y el resto al ajedrez, en los países de lengua catalana y tras la invención de la imprenta en 1440 se publica el poema “Schachs d'amor” (c. 1475). Se trata de un poema alegórico cuya trascendencia viene dada por ser el primer texto conservado sobre ajedrez moderno lo que puede observarse en la partida que disputan los caballeros Castellví y Vinyoles; en ella, el “nuevo” juego difiere del “viejo” en dos aspectos fundamentales: la Dama y el Alfil cambian las reglas y privilegios medievales por sus movimientos actuales. Como el libro fue publicado en Valencia, lo verdaderamente trascendental es que, según la teoría de su impulsor, el conocido Ricardo Calvo, teoría ya totalmente refrendada, el ajedrez moderno tuvo su origen en dicha ciudad.

El poema Schachs d'amor (análisis de Ricardo Calvo)
El poema Schachs d'amor (análisis de Ricardo Calvo)

Esta idea viene además avalada por un descubrimiento posterior, como es el análisis exhaustivo del “Llibre dels jochs partitis dels shachs". Este texto, datado en 1495, ha tenido una azarosa historia hasta, al parecer, su desaparición definitiva a comienzos del siglo XIX. El investigador valenciano José A. Garzón le ha dedicado muchas horas de estudio y en sus pesquisas publicadas en un libro en el año 2001 y en otro un poco después, concluye que el incunable tendría alrededor de 125 páginas, conteniendo 100 problemas de ajedrez ordenados presumiblemente en forma creciente, tanto de “ajedrez viejo” como de “ajedrez a la rabiosa” -siguiendo la terminología posterior de Lucena, en la que el movimiento de la dama adquiere sus nuevas características-. Lo más llamativo de su último estudio es que, en su opinión, se ha podido rescatar la obra perdida durante... ¡quinientos años!, ya que al parecer su autor, Francesch Vicent, se vio obligado a huir a Italia escapando de la Inquisición, y allí ha sido encontrada una copia en la Biblioteca Malatestiana de Cesena datada en el año 1502. Lo que al parecer tampoco cabe duda es que este tratado es el origen de otros textos que hasta el momento habían manejado los investigadores erróneamente, como el caso del llamado Manuscrito de Lucena, que sería una traducción al castellano del original de Vicent escrito en valenciano, o el Libro de Damiano, quizás un pseudónimo cifrado que escondería la verdadera personalidad de Vicent. El manuscrito, escrito siete años más tarde de la fecha de creación del libro, puede ser por tanto una copia que se hizo a posteriori, práctica habitual de la época, ya que era la única manera de propagar el saber: hacer copias de los manuscritos originales.

Claro que si uno entra en la página web de la referida Biblioteca, el manuscrito de Vicent no aparece en su base de datos... así como tampoco en su blog de noticias. Más de uno puede pensar si realmente es ese el libro que se andaba buscando, pero todas estas disquisiciones nos darían más pie a una novela detectivesca... y esa es ya otra Historia.

Alejandro Melchor

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